Pasai Donibane, el día perfecto

18/06/2015 - El mejor sitio para pasar un día inolvidable

Alrededores de la City. Reconozco que es una de mis debilidades. Pasai Donibane, Pasajes San Juan o simplemente San Juan, enamora a simple vista. Parece que hay miedo a llamarlo fiordo, como los noruegos, pero en realidad lo es. Pueblo pesquero cuyas casas se alinean en fila de una sola calle a lo largo de toda la bocana del puerto.

La mejor forma de llegar sería en travesía desde Sagüés en Donosti por la ruta de los acantilados de Ulía, para llegar ya a la altura del Faro de la Plata a contemplar desde lo alto este pueblo tan fotogénico, pero quizás el turista tenga prisa por llegar, ver… y comer, así que la línea de autobuses de San Pedro ( también Pasaia ) le dejará en veinte minutos cerquita del embarcadero donde la entrañable motora nos cruzará en un viajecito de apenas un minuto al otro lado del fiordo, a Donibane.

Ya en San Juan disfrutaremos de su largo paseo bordeando el mar que nos llevará al merendero de la entrada del puerto disfrutando de las casas de madera de colores, de su plaza de juguete, de su arco de piedra y de su inconfundible olor a mar. Con suerte, esta pequeña Venecia, como así hay quien le llama, nos ofrece los entrenamientos de las traineras, trainerillas o bateles según la época. Llueva o no, Donibane tiene su encanto y en mareas vivas nos ofrece la imagen en pleamar de un pueblo a punto de ser desbordado por el mar como bien vemos en la galería de imágenes.

Su Patrimonio tampoco tiene desperdicio. La Casa Arizabalo, la Casa de la Miranda, la Casa Gabiria conocida como la Casa Museo de Victor Hugo, el escritor francés que quedó enamorado de este pueblo, la Iglesia del Santo Cristo de la Bonanza, la Parroquia de San Juan, la Ermita de Santa Ana…

Y la gastronomía. Cómo no. El Ziaboga ( de tantos recuerdos para mí ), el Cámara, Txulotxo, Nicolasa, Mirones… tocando el mar con la mano bien merecen todos una visita, no el mismo día, pero sí a poquitos, porque Pasai Donibane es el día perefecto… y volveremos.

Carlos Bengoa