El Cementerio de Polloe. El último refugio.

05/11/2016 - En la semana de Todos los Santos, apetece un descanso...momentáneo ?

Fotos de Jesus María Alquézar
Fotos de Jesus María Alquézar
Rincones. En diferentes ciudades del mundo, el cementerio es un patrimonio cultural y artístico que merece conocerse.
Son numerosos los visitantes que en esas urbes acuden allí a recorrerlo para meditar en esa otra ciudad.

En San Sebastián ocurre lo mismo, pues el cementerio de Polloe, con sus apéndices de Altza e Igeldo, el más extenso de Gipouzkoa, tiene ricos valores artísticos, culturales, históricos y humanos para formar parte de los encantos de la ciudad que merecen divulgarse y recomendase para ser frecuentado. Un paseo por sus calles, por esa otra ciudad, nuestro último refugio, supone un descanso, para meditar en lo que somos y seremos, que como dice la inscripción en la entrada, nos debe hacer reflexionar “Pronto se dirá de vosotros lo que suele ahora decirse de nosotros. ¡Murieron!”


El cementerio de Polloe es la urbe donostiarra donde residiremos si es que aquí nos entierran. Con sus calles y barrios, con sus panteones, capillas neoclásicas, mausoleos y nichos, el camposanto representa las diferentes clases sociales


Su nombre proviene de un caserío que desde el Siglo XVI se situaba en los actuales terrenos. Se llamaba Polloe-enea. En el año 1876, el arquitecto José de Goikoa diseñó el cementerio dentro de la corriente del neomedievalismo, aplicando el estilo romántico y gótico. El cementerio de Polloe está considerado como uno de los más importantes de España y en él reposan ilustres personajes vascos. Se ubica en la actualidad en una de las colinas donostiarras, lo más alto de lo que hoy es el Barrio de Egia, y por él con los autobuses 9 y 27 los ciudadanos se acercan hasta el camposanto… y caminando en un saludable ejercicio.


Caminar por sus alamedas es un paseo romántico y melancólico, con una arquitectura de alto valor artístico en sus mausoleos y capillas antesala de los contemporáneos columbarios y ceniceros con sus cruces, ángeles dolientes, calaveras, cristos crucificados, vírgenes pero también estelas y menhires representando la prehistoria vasca. En la progresión por sus alamedas también se tiene constancia, leyendo las inscripciones, momentos de la memoria histórica de los eventos de la ciudad.


Es en los primeros metros, tras la plazoleta de entrada, donde se encuentran los más impresionantes “edificios” de diferentes estilos, neomedievales, eclécticos, neogóticos, barrocos, neorománicos y neobarrocos. Es necesario, en el deambular de izda a dcha, de norte a sur, o mejor seguiendo los itinerarios, circuitos diseñados para una acertada visita, leer los nombres de las familias que allí reposan, y recodaremos a personas conocidas de la sociedad donostiarra, gipuzkoana y vasca como Clara Campoamor, Ignacio Zuloaga, Fermín de Lasala. Duque de Mandas, Raimundo Sarriegui, Claudio Antón de Luzuriaga, Indalecio Bizcarrondo “Bilintx”, o monumentos conmemorativos como el dedicado a la junta de Zubieta 1813, pero también renombrados comerciantes, industriales, familiares y amigos de Donostia.


El listado es largo y para los más interesados les dirijo a la nueva web del ayuntamiento www.polloe.eus que nos ofrece amplia ,valiosa e interesante información al respecto.


Según se avanza hacia la puerta Sur, se detectan las diferentes clases sociales de los ciudadanos que aquí han encontrado su último refugio y se atraviesa una zona de nichos despoblada, causa de la mayor incineración que de entierros, y antes de derivar a la derecha, por otras calles de interés, el visitante se encuentra con la parte más moderna del camposanto con sencillas lápidas y tumbas interiores, pero un espacio que recuerdan cementerios clásicos de los grandes entierros productos de guerras.

En el paseo entre el amor y la muerte, destacan los árboles que delimitan las calles, tales como cipreses, alcornoques y otros que en el otoño toman unos coloristas tonos que embellecen este espacio singular, en sintonía con las flores que inundan las lápidas (Todos los Santos).


Y termino con una anécdota de humor negro: “A finales de los años 60, cuando se construía la variante de la autopista, que cruza el cementerio por debajo, algunos ataúdes cayeron sobre el túnel que estaban abriendo. Hay quienes cuentan que algunos muertos aprovecharon por escaparse …


Está demostrado que tanto para los habitantes locales como para los visitantes que residan varios días en la ciudad, la visita al cementerio puede estar en su programa de ocio y recreo… Nadie quedará defraudado.

Jesus María Alquézar