Un paseo por el Centro

24/04/2017 - Otra exhibición de bellos edificios con Jesús Mari Alquézar

Fotos de Carlos Bengoa
Fotos de Carlos Bengoa
Rutas. San Sebastián es una ciudad de referencia en su arquitectura y criterio urbanístico, y sin embargo, quizá, salvo excepciones no se sabe valorar como se debe. Tanto los ciudadanos donostiarras como los visitantes tienen algo más que hacer que asomarse a la bahía de la Concha y disfrutar de un paisaje “incomparable”.


Sí, correcto, nada que reprochar, pero otro de los alicientes, poco divulgados es pasear por sus calles, por todos sus barrios, disfrutando de sus sobresalientes edificios, muchos de ellos catalogados, pero también con los que no lo son y ofrecen un conjunto arquitectónico sobresaliente y admirable.


Una referencia moderna Europea es el conocido “barrio del centro Ensanche Cortázar”. Limitado entre el rio Urumea al oriente y la bahía de la Concha al occidente. En el N el límite está en el boulevard donostiarra y al Sur, la avenida de la libertad, los dos ejes más populares de Donostia. Este territorio tiene un itinerario que bien merece completarse.


El ensanche, la prolongación de la ciudad al derribo de sus murallas, se inició en el año 1862, y supuso la refundación de San Sebastián, con una estructura diferente en lo social y económico,
La ciudad intramuros era ya una imagen desfasada, era una isla, y el crecimiento salió adelante porque la burguesía de aquellos tiempos deseaba que la urbe tuviera una estampa moderna, acorde a las grandes europeas. El éxito del resultado tuvo mucha importancia por la filosofía de los políticos de la época que tuvieron siempre la idea de defender la calidad de la ciudad para que se abriera al mundo (Donostia ciudad abierta es de una importancia histórica). Al ser el suelo público, el Consistorio facilitó la ocupación para lo que hoy es el centro sea fuera una realidad inmortal. Entre los años 1862/1873 se diseñó el conjunto hoy histórico con una construcción que duró hasta 1925. Fue como una “década prodigiosa” de más años para lograr que la ciudad se desarrollara, (tenía entonces 14 000 habitantes) pero con una renovación urbanística moderna y adelantada en España.


Y el resultado es el que se debe visitar a pie, y que sugerimos desde Donosti city para reconocer la estructura de manzanas de casas relativamente más pequeñas, con sus calles rectas, apoyadas en sus accidentes naturales (La bahía, la Concha, el rio y el cerro de San Bartolomé) que hizo que la visión de Antonio Cortázar tuviera como resultado un sistema de calles y plazas en un tramo octogonal, y ejemplo de ciudad burguesa a través de la construcción con calidad de sus edificios. Fue además el primer paso, para el próximo crecimiento con otros ensanches para expansionar la ciudad en tierra firme.


EL PASEO

La cita es en el puente de la Zurriola – Kursaal – en su extremo occidental, para iniciar el paseo hacia el primer puente donostiarra, el de Santa Catalina, pero el objetivo es disfrutar de un espacio monumental, de grandes espacios abiertos, donde se sitúan dos emblemáticos monumentos arquitectónicos, dos “figuras” destacadas muy fotografiadas. El Teatro Victoria Eugenia y el Hotel María Cristina, forman un conjunto separado por una gran plaza ajardinada donde destaca la gran estatua del invencible Almirante Oquendo. Ambos edificios, se inauguraron en el año 1912, en un tiempo conocido como “La belle époque”, que era destino de la burguesía y aristocracia Europea que ya tenía Donostia en sus agendas. Actualmente protagonizan la vida cultural y turística de la ciudad.


El lector paseante no debe omitir el concentrarse en la propuesta de circunvalar ambos edificios para intimar con ellos, con un 8, pasando por la gran plaza de Oquendo. La primera de las dos joyas, es el Teatro Victoria Eugenia, un monumento de referencia que fue construido en 2 años (Francisco Urcola 1910-1912 ). Sus fachadas contienen una variada composición, arcos de medio punto, rebajados, elípticos etc. Al remate de las siluetas, destaca la cúpula del escenario y las torres, . Sin duda que hay que añadir en su el interior la decoración del techo de la sala, de Ignacio Ugarte, además de otras obras de Ascensio Martiarena.


Imprescindible la visita si fuera posible en algún espectáculo de los que se programan continuamente.
Al lado, el hotel de lujo por excelencia (Charles Meuwes 1909), con obras dirigidas por Urcola. En un principio tenía la originalidad de diseñarse en forma de L, con un añadido en 1949 de un cuerpo que lo trasformó en U. Edificio sobrio y elegante dentro de un clasicismo ecléctico, y con sencillez decorativa.
Justo por detrás de detrás de las citadas construcciones se continúa el paseo por la calle Oquendo, donde hay que disfrutar con otros dos edificios, Oquendo 12 (Pedro Cendoya 1920) de estilo neo plateresco y el cercano Oquendo 20 (Francisco J. Sáenz de Olza y Manuel Sierra 1958; Jose María Yturriaga 1965), un reconocido ejemplo de arquitectura moderna en el Ensanche, que rompe con el entorno con su composición un tanto miesiana en acero, vidrio y mármol negro.


Y por la calle Camino, se entra en la gran plaza de Gipuzkoa, (“la plaza del Ensanche” se llamó en un principio) en un encantador espacio ajardinado, con un conjunto residencial porticado (José Eleuterio de Escoriaza 1867), de estilo neoclásico isabelino basada en la idea de una plaza Mayor alrededor de un edificio monumental que es el Palacio de la Diputación (José de Goicoa 1879) donde destaca la fachada principal con los escudos de Azpeitia, San Sebastián, Tolosa y Bergara y las efigies de Oquendo, Urdaneta, Legazpi, Lezo y Elcano, distinguidos prohombres en la marinería Gipuzkoana, que presiden el espacio público, un extenso jardín de carácter inglés que en 1877 proyectó Pierre Ducasse.


En su interior observamos elementos significativos de la historia donostiarra como el monumento al músico José Mª Usandizaga, sin olvidarnos el estanque con patos y cisnes, atractivo indudable de los niños, con el templete meteorológico y la mesa horaria. Una visita imprescindible por su extremada belleza.


La caminata continúa por la calle Andía donde nos asombrará en el nº 3, con Garibay 19 un edificio en esquina, de planta octogonal quizá no muy llamativo a primera vista, pero de gran valor y riqueza arquitectónica. Es la iglesia de los Jesuitas con convento y residencias anejas (Juan Bautista Lázaro 1902) de composición clasicista con detalles neorrománticos, con el colofón de una olvidada escultura del Sagrado Corazón en su techumbre superior.


Durante muchos años se ubicaron aquí las instalaciones de Radio Popular y luego de onda Vasca. Destaca aún más en esta calle, Garibay 21 (Ramon Córtazar 1903) un edificio con detalles “Art Nouveau” en sus huecos, arcos, carpinterías y vidrieras, en la forja de sus balcones y en los miradores. Otra maravilla. Y justo enfrente Garibay 34 (Eugenio M Aguinaga, José A Dominguez Elósegui 1943), una casa muy remozada en su interior pero que aún conserva su fachada neoclásica y muy acorde con el Ensanche. Fue, para muchas generaciones el inolvidable “Salón Novedades” cine señorial, diferente, cómodo y elegante, y luego sede de la Caja Postal


Por la calle Hernani por la calle Peñaflorida, hacia la calle Hernani que cierra el Ensanche por occidente, en el nº 5 (Luis Martinez de Ubago, Eduardo Lagarde 1927) destaca un edificio por su estilo de regionalismo montañés , con un conjunto de detalles en su fachada que justifican su catalogación entre los edificios del Ensanche.


Y hay que asomarse a la bahía por la calle Miramar antes de alcanzar la gran vía donostiarra que es la Avenida de la Libertad. Allí los nºs 2 y 3 (Matías Arteaga 1882) merecen nos detengamos para visionar las interesantes casas unidas, destacando la fachada neoclásica en sus 32 huecos. Y en la última cara del Ensanche, hay que disfrutar de la tan cambiada Avenida de la Libertad, la “city donostiarra”, donde se ubicaron todos los Bancos, el distrito financiero por excelencia con sus oficinas centrales durante muchos años, hoy en pleno retroceso por la crisis y el negocio bancario a la baja.


Actualmente se sitúan esos grandes almacenes, iguales en todas las ciudades, que anulan el tradicional pequeño comercio donostiarra. Los ciudadanos más veteranos recordamos como eran aquellos edificios, de los que quedan pocos, y a pesar de que el paseo es elegante, antes de entrar otra expansión, la de Goicoa, debemos llegar hasta el puente de Santa Catalina, fin de la propuesta, no sin antes admirar la gran manzana monumental del “Guipuzcoano” (Ramón Cortázar 1900-1916), con su plaza y fuente emblemáticas, que forman Avda Libertad 21, Fuenterrabía 1, Guetaria 2-2 bis y San Marcial 26, de estilos diferentes, con eclecticismos de influencia francesa, con decoraciones de calidad como el remate en la esquina de la cúpula con detalles ornamentales.


Y enfrente, tenemos el contraste de la modernidad, Fuenterrabía 2 (José M. Iturriaga 1962) con una cierta similitud al edificio de Hacienda de la calle Oquendo. Es un ejemplo del cambio de estilos, la comunión del estilo Cortázar y otros arquitectos de la época, con la arquitectura moderna. Y todavía el paseante encontrará otros edificios de valor en la Avenida como el de Oquendo 13, ya en los últimos metros del paseo.


Para saber más:

COAVN Colegio oficial de arquitectos Vasco Navarros
Donostia San Sebastián. Sua. Ander Izagirre / Alberto Muro.

Fotos, Carlos Bengoa

Jesus Mari Alquézar