El marco incomparable, La Concha

25/05/2017 - Edificios, jardines y esculturas que miran al mar

Rutas. Para cualquier visitante, asomarse al mar desde el paseo de la Concha es un deseo imposible de evitar, aunque haya llegado a la ciudad para pocas horas. También los donostiarras tienen para ”La Concha” su escenario mágico, a donde se acude en cualquier momento del año para pasear, caminar, correr o especialmente para tomarse un baño desde su afamada playa (Los hay que no faltan ni un día).

Y es que su paisaje, reconozcámoslo, no tiene desperdicio, y divulgado por los cuatro vientos atrae a propios y extraños.

¿Pero qué tiene de especial para que nadie pueda evitarlo?...Invitamos al lector a recorrerlo virtualmente, y luego in situ siguiendo esta guía escrita para “Donosti city”

ALDERDI EDER


Nos hemos citado en el Consistorio donostiarra en su fachada occidental, la más espectacular, la que marca la ordenación de los jardines de “Alderdi Eder”, con su amplia terraza anterior a la entrada. Este singular edificio fue construido para Casino (Luis Aladrén y Adolfo Morales de los Rios 1882), tiene un carácter ligero , compuesto por muchos salientes, miradores y terrazas, con sus torres imponentes, inspirado en los Casinos de los Centros Europeos. Fue Casino hasta 1923 que se trasladó al Gran Kursaal y en 1941 se trasformó en Ayuntamiento.

El paseo de la Concha sugerido, que es el emblema de la ciudad, llegará hasta el Peine del viento, la monumental obra de Eduardo Chillida, en el extremo de la bahía siguiendo la línea costera, paralela a la barandilla catalogada y símbolo de la ciudad con su diseño de geometría vegetal y a través de las diferentes esculturas que miran al mar.

Al inicio un carrusel “Tío vivo” con carácter de la “Belle époque” es punto de reunión de familias con sus niños, en la amplia explanada para juegos, que es la puerta a los jardines que merece recorrerse por su centro. Primero el caminante se encontrará con la nueva escultura ”Oroimena-Memoria” ( Aitor Mendizábal 2007),” en homenaje a las víctimas del terrorismo y la violencia”

Los jardines de Alderdi Eder (Pierre Ducasse 1883) que son una maravilla, son la estampa típica de la ciudad, con sus centenares de tamarindos y algunas palmeras, sus parterres de flores, sus zonas de descanso con numerosos cómodos bancos de madera y cerámica entre sus pérgolas, y sus estatuas, alrededor de su estanque y fuente ( la pareja de leones, el busto a José Mª Salaberría ( José Díaz Bueno 1973) y el abrazo de los niños, que con la “ninfa del agua” (Siglo XIX) complementan este escenario siempre reconocido como otra obra maestra de su autor Ducasse.

LA CONCHA


El paseante ahora se acercará al litoral para alcanzar otro símbolo contemporáneo. La escultura de D.Quijote y Sancho Panza (Lorenzo Coullant-Valera 1923), frente a la “primera rampa” de la playa con sus farolas de diseño que da paso a la alameda frente a la gran fachada urbana de costa, muy trasformada de lo que fue su recordado origen pero que aún conserva algunos edificios catalogados y con encanto que bien merecen visionarse con tranquilidad.

Existe la creencia de que la escultura es una réplica en miniatura de la que se encuentra en la Plaza de España de Madrid, y no es cierto. Es un modelo original, construido en 1923, que se exhibió en la exposición internacional de Monza de 1929, y que se ubicó en Donostia en el año 1973 con motivo de la inauguración del aparcamiento subterráneo de la Plaza de Cervantes.

Ya en el paseo de la Concha, el caminante se encontrará con diferentes iconos populares, a la vez de singulares edificios. El primero es el Hotel de Londres, Zubieta, 2 (Luis Elizalde 1922) en esquina con imagen exótica, en la línea de los hoteles de la época, con una composición clasicista con detalles eclécticos, con superficies en blanco y contraventanas en tono oscuro.

Se mantiene también en Zubieta 26, (Antonio Cortázar 1866) el único ejemplo de la primera ordenación del Paseo. Muestra de arquitectura “fin de siglo”, de fachada en blanco según el clasicismo ecléctico de influencia francesa. También destaca su espacio reservado para jardín anterior y posterior, y tras ellos Zubieta 34 (Pedro Muguruza 1935) de arquitectura racionalista.

Aunque el resto ha sido renovado, aún quedan en el paseo de los tamarindos tres emblemas, la rotonda de los relojes con sus dos rampas, La Perla y la caseta de Baños, que bien merecen un tratamiento especial.
“Los relojes”, (reloj y barómetro) mirador sobre el voladizo, punto central de la playa que es Real desde 1887, y también de encuentro clásico de ciudadanos, con sus obeliscos es un conjunto que muestra la época de ciudad balneario (Juan Rafael Alday 1908, Ramón Cortázar 1910). A continuación tienen los paseantes otros iconos, La Perla y la caseta Real de baños, frente a la plaza Aita Vinuesa donde se la colocado por traslado la escultura homenaje y recuerdo a Clara Campoamor (Dora Salazar 2011).

Y allí “la Perla del Océano” edificio icono y hermano de su contiguo “Caseta Real de Baños”, remozado pero integrado al paseo mediante dos terrazas y que actualmente tienen otros cometidos.

Y la caminata continúa frente al paseo de Miraconcha, con sus villas. En el nº 13, Villa Almudena (Luis Aladrén 1894) es el último ejemplo de villas aisladas construidas en la ladera de Miraconcha según el modelo francés de “hotel” con influencia francesa en el periodo Isabelino. En el nº 28, otra muestra ecléctica de su autor (Luis Gutiérrez Soto 1929), edificio con terrazas relacionada con la arquitectura alemana de los años veinte. Y antes de llegar a la plaza de bicentenario (1813-2013), belvedere panorámico de la bahía en todo su conjunto en el extremo occidental, en los altos, Paseo de la Fe 20-30 (Luis Peña Ganchegui 1982), se sitúa un gran edificio moderno de 30 viviendas.

Allí, en la plaza, se sitúa otra escultura que mira a mar, es la escultura de Chillida “homenaje a Fleming” (Chillida 1955) y sirve de acercamiento al Pico del Loro, que originalmente es Loretope (debajo de Loreto), bajo el túnel de Miramar o del Antiguo actualmente decorado, una experiencia artística con motivos marinos “ItsasArt-Miramart” (Víctor Goikoetxea y Xabier Barrutieta 2016) y que es la puerta al Bº del Antiguo y la playa de Ondarreta.

ONDARRETA


El paseo de la barandilla ha concluido y el paseante penetra en otra ”rambla” con encanto que finalizará en el Peine del Viento. Pero lo recomendable es recorrer este espacio por los bien cuidados Jardines de Ondarreta, una composición de variada geometría foral que merece reconocerse y valorarse por su belleza. En el medio destaca la escultura que los vecinos de la ciudad dedicaron a la reina Mª Cristina de Austria (José Díaz Bueno 1942), unos metros después en otra plazoleta con la idea de la artista Maider López, dentro de la capitalidad Europea de la cultura DSS 2016, se han instalado las fuentes que había en la ciudad y que se fueron retirando, y se cierran los jardines con la escultura moderna “Zeharki” los tres cilindros de hormigón, (José Ramón Anda 1983)

Pero la explosión de “las esculturas que miran al mar” se encuentra en las cercanías, donde finaliza el muro, y donde terminaba la ciudad en este extremo ahora paseo Eduardo Chillida, que homenajea al artista. Allí se ve desde la lejanía la tan visitada y admirada la escultura del Peine del Viento (Luis Chillida 1977), otro símbolo de la ciudad. El escultor Luis Chillida contó con la colaboración desde 1975 del arquitecto Luis Peña Ganchegui, logrando que sea uno de los lugares de la ciudad donde se siente con mayor intensidad la fuerza del mar abierto. Es el remate final a la ciudad, con una inteligente plaza. Tres esculturas de acero peinan el viento.

Y toca regresar para ello, recomendamos otro trayecto a la dcha hacia el centro de la ciudad se encuentra una ciudad jardín, cuyas calles tienen nombres de infantas, donde las villas uniformes destacan como conjunto urbano con criterio. Lamentablemente muchas se han demolido y han perdido su carácter inicial, pero quedan dos relevantes que merece visitarse. Situación Avenida Zumalacárregui, 8 con C/Infante Don Jaime 1, 3, 5 dos obras influidas por el movimiento moderno (Eduardo Lagarde 1932 -1934),

Y antes de visitar el Palacio de Miramar, otro ejercicio imprescindible, echemos la vista hacia la ladera del monte Igeldo, sembrada de villas, pero donde destaca uno de los edificios más singulares entre los que se asoman a la bahía, junto al Palacio de Miramar. Es la Torre Satrustegui (1883), con una larga y hermosa historia real, arquitectura ecléctica de corte historicista con torres ochavadas y el remate almenado, atrae las miradas a todo aquél que disfruta con el urbanismo donostiarra. Imprescindible en el horizonte. Francisco Urcola realizó obras de ampliación en 1920. Desde sus jardines la vista es incomparable e inolvidable.

EL PALACIO de MIRAMAR


Al regresar al “centro” es imprescindible la visita al Palacio de Miramar, sobre la colina de Loretope, que fue residencia veraniega de la Familia Real durante décadas. Es un edificio destacado, noble por su privilegiado emplazamiento con un jardín en pendiente hacia el mar que ofrece las mejores vistas que uno puede imaginarse. Es imprescindible para los visitantes dar el paseo por sus instalaciones (Seiden Wornum 1889). Es un ejemplo único en la ciudad de las casas de campo inglesas. En la terraza de la parte baja del jardín en pendiente, se encuentra otra escultura que mira al mar, “El abrazo-Besarkada” de Chillida (1991)

LA CALLE ZUBIETA


Y para terminar este asombroso paseo, hay que llegar al Hotel de Londres por la trasera de la calle Zubieta.
Aunque pertenecen al ensanche Goikoa. Que trataremos en otra ocasión, el paseante se asombrará de dos edificios destacados. Son, San Bartolomé 37 (Ramón Cortázar 1909/Pedro Gaiztarro 1941) y su vecino San Martin 61 (Domingo Aguirrebengoa 1935)

El primero es un edificio palacete de solución de esquina de una manzana prevista en un principio para casas palaciegas. Tiene un perfil semejante al tipo de hotel francés.

Y el segundo, uno de los accesos al ensanche como cabeza de manzana, con estilo del regionalismo montañés con decoración neobarroca.

Enfrente, el paseo continúa por el triángulo ajardinado de la plaza Zubieta. En su estanque central destaca una escultura neoclásica de una “ninfa del agua” (Siglo XIX) con un envase en su cabeza que no deja de manar agua. Y se sigue por la calle Zubieta, pasando por la plaza de Zaragoza, también ajardinada, donde se ubica la escultura homenaje a Antxón Ayestarán, director del Orfeón donostiarra -1968-1986-(Koldo Merino/Bernard Baschet 1988), para por la trasera de la fachada de los edificios de la Concha donde destacan sus recintos cerrados, para jardines y similares, caminar hasta el nº 1E, (Ramón Cortázar 1906), un edificio situado frente al Hotel de Londres, estilo Art Nouveau que se diferencia de todos de su alrededor. Magnífico.

Y para terminar, “ hay que … “ en el principio de la peatonal calle de San Marcial, tomar “algo” en La Espiga, un clásico de la hostelería donostiarra en miniatura.


Para saber más:


Donostia-San Sebastián- Guía de arquitectura COAVN
Donostia-San Sebastián-guía-Ander Izagirre-Alberto Muro Sua

Jesus Mari Alquézar