Un paseo por los comercios míticos de lo Viejo

21/11/2017 - Un recorrido diferente, divertido, histórico...

Planes.

Con el frío , la lluvia y con el sol metiéndose pronto por el horizonte, cambian los planes de naturaleza que normalmente proponemos pero no deja de sorprendernos la ciudad con otra serie de opciones muy interesantes. Pasear por barrios, ver fachadas, puertas, edificios, vidrieras… es bonito y divertido, con una carga histórica importante.

Ya en varias ocasiones Donosti City les ha marcado recorridos por Gros, Parte Vieja , Centro, Urumea… que podéis encontrar en esta web pero en esta ocasión vamos a dar un paseo mañanero por Comercios Donostiarras que merecen una visita, de algunos de ellos ya hemos publicado también diferentes artículos.Y además, ahora está de moda lo “ vintage “ por lo que a buen seguro no saldré de vacío.

El recorrido lo iniciamos con un buen desayuno en la entrada de Reina Regente, nada más pasar el Puente de la Zurriola hacia el Boulevard.

El Café Santana, antigua frutería, nos servirá para calentar motores. Buen género, pulcritud y sobre todo simpatía. Con trucos de magia con uno de los camareros. A sus 77 años, Carlos Santana seguro nos contará que hoy día, sigue haciendo travesías de natación. Lleva desde los 13 años nadando y ha tomado parte en todas las ediciones de la Travesía a nado por excelencia, la Getaria – Zarautz, 47 en total y ya sueña con realizar la 50 a la edad de… 80 años. Conversación pues no nos va a faltar mientras desayunamos.


Torcemos hacia la Calle Aldamar para ver la Joyería Munoa justo en la mitad. Merece la pena, si nos invitan a entrar, ver este local plagado de detalles, vitrinas, lámparas, biblioteca, bocetos.

Munoa empezó en el Boulevard en 1935 y ya en Aldamar desde 1950. Es la única que queda con taller propio, diseñan y hacen sus propias joyas como la Donosti Bay que podremos ver.


Me dirijo ahora a la Calle Narrica con dos establecimientos de solera. La tienda más antigua de Donosti es a su vez, la sombrerería más antigua de España. Ponsol. Casi un museo al que es inevitable entrar. Desde 1838, esta sombrerería que según reza un anuncio de época que recoge Lola Horcajo en su “ Comercios donostiarras “, es “ fábrica de sombreros y gorras de todas clases y renombradas boinas, así como impermeables ingleses, capas, corbatas, chalecos de punto superiores… “

Conserva el mostrador original, estanterías y sobre todo unas vidrieras de Bruselas del año 1893. Seguro que Iñaki Leclerq nos enseñará el molde con el que hacían a medida los gorros y canotiers. Una delicia tanta historia.

Justo enfrente de Ponsol, encuentro Otaegui, la pastelería por excelencia, por algo es la decana desde 1886 aunque en su actual ubicación está desde 1933. Comenzó siendo pastelería, confitería, ultramarinos y conservas, siendo en la Belle Epoque proveedora de la Casa Real.

Actualmente es famosa su Panchineta. Hora pues de comprar unos pastelitos o la propia panchineta ya que el estómago lo va a pedir y es preferible que no se ponga pesado.

Antes de que cierren sigo hacia la Calle Mayor, esquina Puerto, done la mítica PYC ( Pajarón y Castellví ) relevo del Bazar La Concha que abrió en 1900 en la Avenida Libertad para deleite de las coquetas damiselas de la época. Desde 1930 están en su actual ubicación. Como las encargadas derrochan simpatía por todos sus poros, la conversación está asegurada.


A la vista, figuritas, bailarinas, porcelanas, postales, bisutería… lo vintage está de moda como decíamos y los coleccionistas harán aquí sus delicias.


Hora de comer o de picar. Qué vamos a decir de lo Viejo, donde hay de todo pero los de toda la vida, los que siguen igual que hace décadas, los que no defraudan … El Juantxo y el Danena en la pequeña plaza de la Calle Esterlines.


Quién no ha tomado alguna vez sus bocatas de lomo y pimientos, o el de calamares ? Y un poco más adelante, en la Calle Puerto, La Mejillonera, con sus tigres y bravas. Eso sí, año tras año sin revelar el misterio de su famosa salsa. Lo intentará en breve Donosti City.

Tras las raciones, hora de refrescar un poquito el estómago así que me dirijo de nuevo a la Calle Aldamar donde encontraré Los Italianos, desde 1939 sirviendo el mejor helado de largo, de la ciudad. Sin duda.

Actualmente Jose Mari Arín elabora artesanalmente en un pequeño local el helado ganador de grandes premios nacionales. Les invito a probar el de amarena, debilidad de un servidor. Y con un poco de suerte, les enseñará el secreto de sus afamadas cerezas. Tampoco se queda atrás ni mucho menos, el quitapenas o el de maracuyá, cookies…


Termino un recorrido simpático, divertido, cultural e histórico, con gastronomía para variar. Un recorrido diferente que nos hará cantar una vez más…

Qué buenos son los administradores de Donosti City, qué buenos son que nos llevan de excursión…