Marruecos, el despertar de los sentidos

13/02/2018 - Un viaje de diez días que no olvidarás

Planes.

Ha sido una de las mejores experiencias que recuerdo por no decir la mejor. Marruecos fue un despertar de los sentidos, algo mágico, un festival de colores, olores, sabores, tactos… donde la imaginación fue tal que durante diez días y sus correspondientes noches fui incapaz de cerrar los ojos. Tan solo los momentos en que cerrar era abrirlos enseguida a fin de comprobar si era cierto lo que se veía. Y era.

Amaneceres limpios, atardeceres rosas, puestos de colores, mercados sin fin, edificios imponentes, callejuelas indomables, cordilleras infinitas, dunas doradas, desfiladeros de paredes que no alcanzas a ver su remate, ruinas romanas, pueblos blancos, azules, el sabor a mar, a dulces azucarados sin descanso… Eso es lo que no hay, descanso.Y se agradece porque en cada rincón, en cada mirada, hay una escena, una foto, un artículo…

Esperé en Tarifa tras unos días en Cádiz al autobús que el gran Tibal Labayen con el guía de Viajes Arán, Antonio Martín, traían junto a una treintena de viajeros desde Donosti. No sé nada. Madrugar en Tarifa fue fascinante con un juego de colores por todo el estrecho y en las amuralladas calles llenas de historia, previa visita a la Puerta de Jerez, a la isla de las palomas y a sus largas y ventosas playas.

Y desayunar con calma intentando asimilar lo que estaba por llegar. Toda una aventura.

Llegó el bus a su hora con los viajeros adormecidos mientras servidor empezaba ya su turno del “ sin pestañeo “. Tras las autorizaciones pertinentes, el Ferry cruzaba el estrecho mientras despedíamos Tarifa por un lado para dar la bienvenida a Tanger por el otro.


1. ASILAH.

Ya en bus por la costa infinita viendo tubos de olas enormes, uno tras otro, fue un disfrute. Como ver Asilah, un pequeño pueblo marinero, lleno de murales y artistas callejeros, puestos de dulces sin fin y de agradables paseos, puesta de sol incluida, por su paseo marítimo, la Medina o la Plaza Zellaka.


2. RABAT.

Segundo día, madrugón, dátiles y rumbo a Rabat. Imponente Mausoleo Mohamed V por dentro y por fuera con su patio de columnas dominado por la Torre Hasan y protegido por guardias a caballo. El mirador sobre su puerto, la playa con cientos de futbolistas, y bocana del río mereció gastar la primera batería de la cámara.

3. MARRAKECH.

De Rabat a Marrakech y sus contrastes con primera visita a la Plaza de Jamaa el Fna donde miles de puestos ordenados en un desorden bello ya ofrecían al visitante cuantos artículos imaginemos. Destacaban los puestos de naranjas, donde uno tras otro salían vasos de zumo natural a 0,50 euros. Ni que decir tiene que fue la bebida del viaje para un mejor curtido de la piel.

Junto a encantadores de serpiente, platos de carnes, verduras, dulces de pistachos, dátiles remataron la cena por 3,50. Sí sí, 3,50 y es que Tibal y familia ya sabían dónde meterse.


4. CORDILLERA DEL ATLAS.

Rumbo al Atlas en un nuevo día luminoso previo paso por el mercado de un pueblito. Mercado total. Aparcamiento de burros que luego se vendían, dentista con tenazas, peluquería en vivo y en directo… hasta un barecito de tés y verduritas que no olvidaré. Más adelante la Cordillera del Atlas con sus caminos imposibles, sus pueblos de barro pegados a la montaña que parece vayan a erosionarse. El treking fue relajado, asequible y tranquilo. Nunca olvidaré un grupo de niñas que jugaban en la placita de una aldea. La placita era un par de losas, el juego una piedra. Fueron felices ante los regalos del grupo, caramelos, bolígrafos, globos… pero más feliz me fui yo con el recuerdo de la sonrisa de Samira y Naima.


De nuevo en Marrakech para perderse, literal, en su zoco. No saben nada los jóvenes que esperan a los turistas desorientados, para encontrar el camino… a cambio de unas monedas… o muchas, así que pillería al canto. Puestos de todo tipo, un sinfín de colores, paños, sedas, vasijas, pieles, se amontonan en calles donde cada gremio exhibe sus productos. Dos niños insistían en que les comprara ni me acuerdo qué, fue una persecución en toda regla, hasta que uno de ellos dio con la clave y empezó a hablar de la Real Sociedad, de Prieto, de Rulli !!! Obviamente se llevó una buena propina, a cambio de nada, y aun así, me regaló su mercancía.


5. GARGANTAS DE TODRA.

No paran las sensaciones y tras el ascenso al interminable Coll de Tichka con sus 2260 metros de altitud y tras la visita a Amerzgane y su magnífica kasbash de Taurirt llegar a contemplar el atardecer sobre las suaves colinas de Todra y adentrarnos en sus gargantas de paredes tan esbeltas que es imposible encontrar el cielo.

Aunque parezca mentira bajo esas paredes, el río… y los albergues. Resultará difícil encontrar en el mundo entero algo más acogedor y de gente tan entrañable y hospitalaria. La chavalería de Tibal y un servidor fuimos acogidos en la sala donde daban el partido del Barsa y como nos quedábamos sin cenar nos sirvieron la cena “ a domicilio “ Otro gran momento del viaje.


6. DUNAS MERZOUGA.

El despertar fue sencillamente inolvidable.La primera luz del día, otro día limpio, vestía de naranja las cumbres de la garganta. Era un 31 de Diciembre y pese a marcar el termómetro 7 grados el baño en la piscinita del albergue fue inevitable. Breve ruta a pie por el desfiladero, un oasis de palmeras en medio de la nada y tras una parada en Tinergir, ya en el desierto llegada a las dunas de Merzouga.


30 grados en la llegada de la Noche Vieja. Menos cinco en la madrugada de Año Nuevo. El propio Antonio Martín nos subió hasta la gran duna para ver el último rayo del sol del año y más tarde, sincronizado vía móvil con la Puerta del Sol, dio las campanadas. Y tomamos las uvas en una fiesta de haimas. Y madrugar para ver el Año Nuevo y su primer rayo de sol sentado en una de las grandes dunas.

7. POBLADO NUBIO.

Antes de salir, fue obligado un paseo en dromedario por las dunas. Parece mentira cómo en un par de horas se pueda pasar del menos cinco a los 30 grados de temperatura. Así es el desierto. Y de las dunas al poblado nubio de casas de arcilla en una sola calle, de escuela pequeñita que nos enseñaron y de guerreros negros como el azabache que nos mostraron sus danzas.

8. FEZ.

Nace un nuevo día y seguimos sin pestañear. Espera Fez. Un amasijo de calles que vistas desde el mirador resultaría imposible hacer un callejero. El oficio de taxista resultaría como poco complicado.

Todas son un enorme zoco donde en esta ocasión destacan los curtidos de pieles. Un algodoncito impregnado de eucalipto ayuda a las fosas nasales a mantener la forma.

9. VOLOUBILIS.

Otro día amanece radiante y de nuevo la carretera serpentea hasta las ruinas romanas de Voloubilis para perderse entre columnas, paredes, restos de teatros. Destacando el Arco del Triunfo y el Capitolio. Toda una ciudad de la que solo quedan los restos.


10. ETCHAUEN

Y de ahí a la montaña donde se abre un pueblo amable de color azul. No hay palabras para describir tanta belleza. Calles estrechas, escalinatas, puertas, ventanas, casas… todo está pintado de azul. Los vendedores no insisten en una prueba de educación infinita.

Sus calles son zocos donde veremos al zapatero, al curtidor, al hilandero… Todo es de una paz que no tiene precio.


11. TANGER.

Hora de despedir Marruecos y de volver al estrecho. La visita al mercado es obligada y callejear con cuidado eso sí por sus históricas calles.

El ferri espera, el estrecho, Tarifa… parada en Sevilla… de nuevo Donosti. La imaginación sigue su curso, todo ha parecido un sueño.

Pero no lo fue, que yo lo vi.


Disfrutad con las fotos que vienen a continuación.


Para más información, VIAJES ARAN C/ Elcano, San Sebastián

Carlos Bengoa