RENTERIA EN SU 700 ANIVERSARIO.

De Orereta a Errenteria pasando por Villanueva de Oarso.

  • Foto portada : Mikel Gardey.
  • Texto: Carlos Saiz.
  • Fotos : Carlos Saiz, Rafa Alkorta, Carlos Bengoa.

A principios del siglo XIV, Orereta era un disforme conglomerado de casas, casi todas con fuerte componente de madera, en un saliente de la ría, configurado por lo que hoy es el ‘casco viejo’, rodeado por las aguas al Norte, Oeste y Sur. Se componía de las calles Abajo, Medio, Iglesia y Arriba.

Mediante la Carta-Puebla de 5 de abril de 1320, firmada en Valladolid, por Alfonso VI (rey de Castilla), se funda Villanueva de Oiarso, separada de los otros tres barrios de Oiartzun (Elizalde, Alzibar y Ugaldetxo). En la Carta Puebla se accede a…

  • «facer población de Villa todos de so uno en una su tierra á que dicen Orereta, é que la cercarían lo mejor que ellos podiesen, por que fuesen amparados».

El nombre posterior es Rentería, que deriva de la actividad comercial portuaria, por ser aquí donde se cobraban las rentas reales o municipales derivadas de las mercancías marítimas (Villa de Rentas”)

El primer ensanche, hacia el Noroeste (las tres calles Kapitanenea, Santamaría y  Santxoenea) es de la segunda mitad del siglo XV y principios del XVI.

En el pasado, los recursos económicos derivaban de las ferrerías, y las hubo muchas, por haber abundante madera y agua, y se importaba el hierro de Somorrostro. También del comercio marítimo, sobre todo de derivados de hierro (anclas, clavos, herraduras, etc.), y de los astilleros, en el siglo XVII.

Rentería vivía de la lonja y del puerto, que estaban en la actual plaza de los Fueros, junto a la antigua puerta de la Rentería (donde se cobraban las rentas).

Hubo destrozos, saqueos, incendios en varias ocasiones, como la Guerra Civil en Castilla (de 1475 a 1479, entre partidarios de Isabel y de Juana la Beltraneja; Francia saquea), la Guerra de la Independencia de Navarra, de 1512 (Francia destroza Rentería, y quedan tres casas en pie) y la Guerra de los 30 años (1618 a 1648, y quedan en pie 11 casas, las murallas y la iglesia). También  la Guerra de la Convención de 1783 a 1797, trajo más saqueos.

CONOCIENDO SUS CALLES.

En 1864, por la llegada del ferrocarril (Ferrocarriles del Norte), se construye un puente sobre el río Oiartzun, y ya no pueden llegar los barcos a Rentería.

Mucha gente conoce Errenteria, pero desconoce el urbanismo medieval. Y merece mucho la pena visitar el casco histórico y sobre todo la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

Es muy llamativo el túnel de Mikelazulo, solución arquitectónica bajo la torre-campanario,  comunicación entre las calles dentro de las antiguas murallas (y posible lugar de “trabajo” de una tal Mikela…). La estrechez y poca altura del paso de Mikelazulo, dio origen a numerosas críticas ya que…

  • «no dejaba pasar cruces para las procesiones ni a los de caballo». Sin embargo, fue también muy elogiado por la forma en que era capaz de sostener la torre. Quedan restos evidentes del antiguo trazado de la muralla, en la parte trasera de las casas de la calle Arriba, junto a la “burrería”.

Hay que subir por la Calle Arriba,  hasta las casas-torre Morrontxo y Torrekua, y la Puerta de Navarra, al final de Goikokale, para ver las huellas de escalera al primer piso, las ventanas geminadas, tapiadas y sin tapiar, y un detalle curioso, un modillón en forma de cabeza («carassa«: cabeza de piedra, estilo gárgola, en lo alto de la esquina de una calle; se les llama carassas, y se ponían en todas las calles donde se ejercía la prostitución para que la gente, la mayoría analfabeta, supiera localizarlas.

En La tierra de las Mujeres, de Sandra Barneda.  2014, Alfaguara Grupo Editorial, Madrid. Pág. 426).

El trazado del urbanismo medieval está bien conservado en las calles Medio y Abajo, y hay que fijarse en los escudos de las casas de los armadores, y en la colección de distintos y elegantes modelos del monograma “IHS” en todo el casco histórico;, y hay que llegar a la actual Alameda, donde quedan restos de muralla, en el subsuelo de la Sociedad Txintxarri, de 1,60 m de anchura, de la segunda mitad del siglo XIV (excavada en 2005).

La joya artística de Errenteria es la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, edificio del siglo XVI, que está “descolocada” respecto al casco urbano, por razones orográficas.

Las “trazas” del edificio fueron encargadas a diseñadores de la Corte, y los constructores fueron locales. Juan Gómez de la Mora, que hizo la Plaza Mayor de Madrid, diseñó esta fachada.

La portada, del siglo XVII, en el lado Norte, es una “portada-retablo”, con arco de medio punto acasetonado. Construido por Juan de Álava (que también hizo San Esteban de Salamanca), en 1610. El estilo es barroco clasicista. Están los cuatro evangelistas y la Asunción (tallas de calidad media) y dos inscripciones pulchra ut luna”, y “electa ut sol” (“hermosa como la luna”, y “refulgente como el sol”). Se ven gárgolas, arcos apuntados y  ventanas cegadas en las parte baja de los muros.

El interior de la iglesia, muestra un elegante estilo “gótico vasco”, planta es basilical con tres naves de igual altura, y sin arbotantes. Es una iglesia con “planta de salón” o “hallenkirchen”. Se ve mezcla de estilos gótico y renacentista. La longitud de la iglesia es de 39 m. La anchura, 29 m, y la altura, 21 m.

Del gótico, tiene la gran altura, que le da ”ascensionalidad” (al entrar, todos miramos hacia arriba), y las bóvedas de crucería estrellada, con nervaduras y claves, así como los arcos apuntados y las tracerías.

De Renacimiento: los arcos de medio punto, y las columnas o pilares baquetonados.

Antes hubo una iglesia gótica, pero no queda documentación sobre ella. Ahí se hacían las reuniones del Ayuntamiento.

Hubo incendio importante en la Guerra de Navarra, en 1512, y tras 11 años, en 1523 (ya durante Carlos V de Habsburgo) se inició la nueva construcción, más ambiciosa que la anterior, desde la cabecera hacia los pies. Ya en 1542 se construye en estilo Renacimiento, hasta 1573 (ya durante Felipe II)

Al fondo de la iglesia, una irregularidad es que una columna reforzada, sostiene la torre.

Tras construir la iglesia, comienza el “amueblamiento”. La decoración se comienza con el altar mayor, en madera policromada. La madera no es de muy buena calidad (pino), y por ello es más vulnerable.

El retablo lo hace Ambrosio de Bengoechea (de Asteasu), que trabaja a finales del siglo XVI y comienzos del XVII. Su formación es en estilo renacentista. Era discípulo de Juan de Anchieta (de Urrestilla), que trabajó mucho en Pamplona, y era seguidor de Miguel Angel Buonarotti, del que adoptó la “terribilitá” y el “contraposto”, como posición dinámica.

De Anchieta son los retablos de San Vicente en Donosti, de Santa María de Tolosa y de la iglesia de la Asunción de Cascante (Navarra), este perdido en el incendio de 1939. Para Rentería hizo un retablo romanista, y siguiendo las instrucciones del Concilio de Trento, un sagrario prominente, por ser la parte más importante del retablo. Este sagrario se conserva expuesto, con una “Última Cena” en diagonal, y con detalles arquitectónicos.

Y dentro de la joya, otra joya: el retablo de la Coronación (antes llamado “de las Ánimas”), un retablo flamenco hecho para uso privado, en madera de roble, de 1528, en Bruselas, por los hermanos Borman. Tiene tres calles, con decoración gótica. Lo que queda mide 2 x 0,96 m. La forma de representar la Coronación es muy novedosa, pues se ve a la Santísima Trinidad.

El Padre, con barba, en el centro. El Hijo, a su derecha, y el Espíritu Santo, con forma humana, a la izquierda. Bajo la Virgen, numerosos “putti” (detalle muy del Renacimiento), pero el retablo es de estilo gótico flamígero. En la derecha, la Última Cena (con perspectiva caballera y rostros individualizados), y en la izquierda, Pentecostés. En las entrecalles, un nicho muestra el entierro de un obispo, y un tríptico con la “Lamentación”.

Una  hipótesis de varios historiadores, dice que este retablo lo regaló Catalina de Aragón (esposa de Enrique VIII), a su dama  de compañía María de Lezo, y esta a su vez, a esta iglesia en la que hoy se encuentra. Retablo muy bien estudiado, valorado y restaurado por Albayalde-Conservatio, de Donosti (Maite Barrio y Ion Berasandi)

El Altar Mayor es neoclásico, del siglo XVIII (1784), de Felipe de Azurmendi, con diseño de Ventura Rodríguez (autor de la Puerta de Alcalá, de Madrid). Se le pidió hacerlo en madera (por menor coste económico), pero Ventura Rodríguez  se negó, y se hizo en estuco y en mármol veteado (jaspe) de la cantera de San Marcos (Rentería).

La planta es curva y se adapta al ábside semicircular. Hay un “desparrame” barroco de las figuras de la Asunción y los ángeles, en estuco blanco (de Alfonso Bergaz), y las figuras están dispuestas en dos líneas diagonales paralelas. Arriba, la Santísima Trinidad, en el rompimiento de Gloria. El entablamento no es neoclásico, sino barroco, y retranqueado. La bóveda es de casetones. En la clave, está el anagrama de María.

La luz interior era blanca (no había vidrieras de colores: las actuales son del siglo XX). El párroco de 1906 a 1924, Francisco Ayestaran, mandó desmontar el muro Sur, para reconstruirlo con vanos mayores, para que entrara más luz, y se cegaron las ventanas inferiores (más pequeñas, y visibles hoy desde el exterior de la iglesia). Encargó 15 vidrieras en la casa Zettler de Munich, que en 1914 llegaron a Amsterdam, pero por la Primera Guerra Mundial, quedaron en el puerto. En 1918 (no se había roto ninguna) se trajeron a Errenteria. Dan a la iglesia un “aire gotizante”.

Otro detalle curioso: en el púlpito, bajo el tornavoz, el autor que hizo el San Marcos no era muy experto en iconografía, y como atributo no le puso un león, sino un toro.

En la subida al coro, un ‘minimuseo’, con varias figuras como la de Santa Catalina, en alabastro policromado, procedente de Nottingham, del siglo XV.

Otro edificio, más humilde y “extramuros”, merece el paseo: la ermita de la Magdalena (en Errenteria se dice basílica ), documentada en 1523 ,se cree que se construyó en el siglo XIV, y funcionaba como leprosería, que luego funcionó como fábrica de campanas. Hoy en día, en este espacio, se organizan conciertos, la mayoría corales, y se siguen celebrando bodas, misas de quintos… pero no bautizos ni funerales.

Pues a lo dicho, cuando el kilómetro se “alargue” hay que venir a ver este aspecto de Errenteria. Y la visita causará sorpresa, pero no arrepentimiento.

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