Y la madre naturaleza se detuvo un buen rato para diseñar su museo de Jaizkibel. Debió tomarse un buen tiempo, hacerlo con calma y entretenerse en esculpir verdaderas obras de arte en esta maravilla al aire libre que es nuestro monte Jaizkibel. Tan desconocido.

Pero Donosti City está teniendo la enorme suerte de explorarlo y en esta ocasión ha vivido la cuarta de las seis etapas que nos hemos propuesto recorrer. La primera fue en Gran Kanto, la segunda en la Catedral y la tercera en las Paramoudras, experiencias de las que tenéis información, fotos y vídeos pinchando cada enlace.

Y además tenemos la suerte de hacerlo con los tres exploradores que mejor conocen cada rincón y cada historia de Jaizkibel, Enrique Villafranca, Javier Mitxelena y Beñardo Virto, esta vez acompañados por Marijose Ruiz y Ana Torrea, junto a Carlos Saiz y Carlos Pérez Olozaga. Este último, con su medidor de contaminación al hombro, medidor de partículas finas PM 2,5, hoy día el mejor indicador de polución urbana y aunque parezca mentira por el entorno, realizamos la caminata con índices de polución por encima de lo recomendado por la OMS.

Cinco horas de caminata con desnivel de 407 metros iniciados en el antiguo Parador con calor que provocó varias paradas. Como tantas veces os contamos en este blog y en nuestras redes, la excursión solo es posible con expertos que conozcan cada sendero muchas veces oculto por los helechos como bien puede verse en alguna foto. Tras un cómodo descenso hacia el caserío Lekueta pegado a la pared de roca y con estela de escudo del Athletic, entramos en la zona llamada “ Laberinto blanco “

Previamente, varias cuevas espectaculares, erosionadas por dentro e invisibles desde fuera. A la vista en las paredes de enfrente, los agujeros cuevas de Putrekabia y las rojas paredes de la cercana Catedral. Pero giramos a la derecha para ir disfrutando a cada paso del Laberinto Blanco. Otro juego erosivo de enorme belleza, primero la Cueva Blanca, luego El Peine, después Las Gemelas, gigantescos bombones rellenos que parecen soltar su licor y que permiten pasarlos por detrás y por delante. Después La Concha Blanca, enorme, bella… y muy blanca, con un pequeño camino que conducían a Los Ojos. Y justo debajo, La Concha Amarilla, de tal forma que la cámara de fotos enfocaba a las dos a la vez. Blanca la de arriba, amarilla la de abajo. Increíble lo que puede llegar a esculpir la naturaleza. Fijaros en los vídeos que os añadimos.

Ya de regreso, otra sorpresa, Lezonabar, otras dos enormes cuevas talladas por dentro por panales de arenisca, con regalo de poder ver a escasos centímetros una mantis religiosa vivita y coleando.

De la gran ola pétrea de Gran Kanto, a las paredes de colores de la Catedral y la playa de los fósiles y paramoudras, cuesta entender el motivo por el que estas laderas de Jaizkibel sean tan diferentes. El merendero Justiz, de asombroso tomate, no nos sacó de dudas…

Y nos quedan dos zonas.

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2018-09-19T21:04:04+00:00septiembre 19th, 2018|Actualidad, Rutas|